Abril 2017

El complejo Mar-a-Lago en Florida fue el escenario que eligió Donald Trump para recibir al mandatario chino, el primer encuentro que tuvieron cara a cara. Las declaraciones de Trump sobre el déficit comercial y la falta de apoyo para contener a Corea del Norte habían generado un clima de alta tensión en la relación bilateral. Muchos observadores veían inevitable una guerra comercial, o incluso, una guerra de las verdaderas… con misiles y todo.

Pero algo mágico pasó en Florida. En esos dos días que duró la estadía, Trump “conoció a XI Jinping muy bien”, se dio cuenta que “es un buen hombre” y “establecieron un excelente vínculo”. Que no haya pasado nada que continúe escalando la tensión entre las dos potencias se convirtió en la mayor noticia.

Si, ya sé… parece poco, pero si prestamos atención puede haber más.

Durante la campaña presidencial y luego de asumir también, Trump mostró que puede ser despiadado como enemigo. Es una persona que aparentemente no tiene términos medios y está dispuesto a ir hasta las últimas consecuencias para conseguir sus objetivos. No digo que sea así, digo que es la imagen que proyecta. Y tampoco digo que sea una falencia, digo que posiblemente sea su táctica.

Luego de la cumbre con XI, Trump cambió su posición con respecto a China. Y lo hizo a su manera, sin términos medios. Ahora son amigos, y espera que XI se comporte como tal. Como amigos, Trump ya no cree que China manipula su moneda, dice que puede ayudar a China a tener un “mejor tratado comercial”, antes de recibir una llamada de la mandataria de Taiwan “primero lo consultaría con XI”…

El Trump “amigo” posiblemente utilice su capital político para ayudar a XI Jinping a consolidar su poder domésticamente de cara al Congreso Nacional del Partido Comunista, que este año tiene la enorme tarea de renovar autoridades para los próximos 5 años.

Pero podemos suponer cuál es la otra cara de la moneda si XI “traiciona” la confianza que Trump depositó en él.

Por eso, creo que el principal resultado de la visita es que se entabló un vínculo personal entre ambos mandatarios, y más específicamente, un vínculo en el que Trump comprometió a XI a la reciprocidad, tal vez sin que XI se haya dado cuenta. ¿Recuerdan cuando Trump tomó de la mano a Shinzo Abe y no lo soltaba? Me da la sensación de que ahora hizo lo mismo con XI Jinping al comprometerlo con su “amistad”.

Este nuevo vínculo se verá testeado una y otra vez en los próximos meses. De momento, uno de los temas más acuciantes es el desarrollo del programa nuclear en Corea del Norte. Estados Unidos anunció que finalizó la política de la paciencia estratégica, y declaró que si China no puede acompañarlos, actuarán sin ellos…

Otro tema ríspido donde se buscarán resultados concretos es en el Mar del Sur de China, en donde Estados Unidos apoya la libre navegación de los mares y la aplicación del derecho internacional; mientras que China está cada día más firme en reclamar los territorios que considera le corresponden sin escatimar esfuerzos.

Y por supuesto el tema del déficit comercial y el acceso de empresas norteamericanas a sectores que China considera sensibles será otro de los temas sobre la mesa, y que será muy fácil evaluar si hubo avances o no. En este sentido, las partes se comprometieron a diseñar un plan de acción en 100 días.

En definitiva, luego de la cumbre Trump – XI comenzó la cuenta regresiva, y si las declaraciones de buenas intenciones no son acompañadas de acciones podemos esperar que así como el riesgo en el mundo bajó rápidamente, vuelva a subir de forma exponencial.

Eso es todo por el momento, ¡hasta la próxima!

Guillermo Santa Cruz (01/05/2017)