Lidiar con China, y con nosotros

El ex secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Henry M. Paulson, Jr. volvió a las librerías con un relato en primera persona de su experiencia negociando con China . Un libro rico en anécdotas y reflexiones para entender el proceso de reformas que emprendió China en las últimas décadas, y por sobre todo con abundantes sugerencias para “get things done” en ese país. En el prólogo advierte que no es un académico ni un teórico, sino un hombre de negocios y es desde esta perspectiva a partir de la cual cuenta su historia.

Como parte de su experiencia en el sector público, se destaca la creación del US-China Strategic Economic Dialogue (SED). Según el ex secretario del tesoro, el diálogo entre ambos países era fecundo, pero disperso y carecía de avances concretos. Por otra parte, la naturaleza compleja de toma de decisión en China, que mezcla elementos verticalistas con decisiones tomadas en consenso, generaba la necesidad de negociar de una manera novedosa. Por esta razón, se convocó en una misma mesa a funcionarios de ambos lados con rango ministerial, quienes se reunirían dos veces al año, una vez en China y una vez en los EE.UU., para avanzar en una agenda de cooperación. De cada lado se nombraría a un jefe negociador, que tendría la autoridad encomendada por los respectivos presidentes para cerrar acuerdos.

1) El diálogo era predominantemente en temas económicos. Según Paulson, si la relación económica con China se manejaba correctamente, sería más sencillo trabajar en otros temas (la lucha contra el terrorismo, por caso) y la dirigencia china respondería bien a iniciativas que contribuyeran a mantener la estabilidad y el crecimiento de su economía. Por el contrario si la relación económica empeoraba por medidas proteccionistas, el marco general de las relaciones se vería perjudicado.

2) En el diálogo participaban los principales ministerios con intereses en la relación bilateral. Esto permitía por un lado hacer frente a la realidad china en donde, debido a su sistema de toma de decisión, no hay una única persona que pueda decir que sí, pero hay muchas que pueden decir que no y frenar una iniciativa. Al estar todos sentados a la misma mesa, se los hacía parte y se los comprometía. Por otro lado, la posibilidad de tratar los principales intereses de los distintos sectores, expandía las alternativas de negociación, de dar una cosa a cambio de otra.

La experiencia del Strategic Economic Dialogue es de especial interés para un país como la Argentina, que todavía tiene mucho que explorar en materia de relación bilateral con China. Cabe decir que propuestas de este estilo no son nuevas; desde hace por lo menos una década se lo puede escuchar a José “Pepe” Bekinschtein sobre la necesidad de establecer un “China Desk” que centralice la relación con ese país, y tenga la capacidad de negociar de manera integral los distintos aspectos que hacen a la relación bilateral.

Sin embargo, más allá de las formas hay un tema de fondo que Paulson describe de modo contundente. El título del libro, “Dealing with China“, lleva a una pregunta obligada: ¿cómo hay que lidiar con China? Paulson responde: lidiando primero con los propios problemas domésticos. Sin lugar a dudas una respuesta que defrauda a quienes esperaban alguna receta mágica o algún chivo expiatorio.

En el caso sino-argentino también se puede hacer uso de esta filosofía. Como indicó Félix Peña, sentarse a la mesa a negociar presupone que uno sabe qué quiere y qué puede dar a cambio, ¿en la Argentina lo sabemos? Este interrogante abarca a todas las esferas de la sociedad de nuestro país, desde los líderes empresariales hasta los sindicales.

Intuyo que en los próximos meses estos temas se discutirán cada vez más intensamente. Todos concuerdan que con la nueva administración hubo un cambio sustantivo en nuestras relaciones con el mundo y muchos respiraron con alivio. Pero se esperan más cambios, en donde no todos los que estuvieron de acuerdo con la “normalización” de las relaciones lo estarán ahora. Me refiero específicamente a los Tratados de Libre Comercio (TLC).

Es notable cómo en los últimos meses se comenzó a utilizar esa palabra tan desprestigiada en otros tiempos. En abril el embajador argentino en China, Diego Guelar, mencionó en la China Radio International: “2017 será el año del libre comercio entre China y el Mercosur (?)”. Unos días más adelante dijo: “Estamos dando una enorme ventaja a competidores como Chile, Australia o Nueva Zelanda. Todos tienen TLC. Debemos discutir si queremos ese instrumento clave para el comercio”. Finalmente, confirmando esta nueva dirección, el presidente Macri propuso que en el futuro el Mercosur debe converger en un TLC con la Alianza del Pacífico (AP). Esta propuesta no puede pensarse sin China: de los cuatro países que conforman la AP (Chile. Colombia, Perú y México), dos ya tienen TLC con China y uno lo está negociando.

¿Con estas declaraciones estarán preparando el terreno para anunciar el comienzo de las negociaciones de un TLC entre China y el Mercosur? ¿Enviándole un mensaje a los funcionarios chinos de que ahora estamos listos para retomar la propuesta que hicieron en 2012?

Con los acuerdos comerciales algunos se verán beneficiados, otros perjudicados, y otros simplemente frenarán la iniciativa porque estarán mal informados. Lo cierto es que todos tendrán que sentarse a negociar y no será fácil. Ejemplos abundan: el conflicto entre la provincia de Córdoba y Techint puso de manifiesto que “desarrollo” significa cosas distintas según por dónde se lo mire.

Se avecinan tiempos interesantes en la relación de nuestro país con China. Esta relación pondrá a prueba nuestra capacidad de buscar formas de negociación novedosas; formar una agencia interministerial al estilo SED para negociar de manera integral y al más alto nivel podría ser una buena herramienta a tener en cuenta. Pensar en el mediano plazo, con resultados concretos en el corto, priorizando el comercio y la inversión, y enfocándose en los procesos y no en las políticas concretas pueden ser también sugerencias útiles.

Pero fundamentalmente, las negociaciones con China pondrán a prueba la capacidad de ponernos de acuerdo entre nosotros, trabajar en equipo y de proyectar una idea de conjunto hacia afuera. “Dealing with China”, en definitiva será lidiar con nosotros mismos.

[Publicado en diario La Nación, suplemento Comercio Exterior,  26-07-2016 – http://www.lanacion.com.ar/1920965-lidiar-con-china-y-con-nosotros%5D