Los cambios en China plantean desafíos

El pasado 6 de marzo, en el marco de la Segunda Sesión de la XII Asamblea Popular Nacional, el ministro de agricultura de la República Popular China, Han Changfu, brindó una conferencia de prensa donde repasó las prioridades de su cartera. Las palabras del ministro ayudan a comprender los desafíos y tendencias en el sector.

De acuerdo al ministro, el incremento en los ingresos de la población genera una mayor demanda de alimentos y cambios en la dieta a favor de las proteínas; mantener la autosuficiencia alimentaria se torna cada vez más difícil. Asimismo, la producción mundial se percibe como inestable e insuficiente, por lo tanto depender exclusivamente de los mercados internacionales para hacer frente a la nueva demanda no se considera una opción viable.

Por otro lado, si bien hubo avances en materia de inocuidad alimentaria, todavía quedan desafíos por resolver. El sistema de producción (260 millones de pequeños y dispersos productores), dificulta las tareas de control. Los hábitos de consumo también elevan el riesgo en materia de inocuidad. Se acostumbra a comprar animales vivos, que en algunos casos son transportados cientos de kilómetros, y faenados en el momento que se consumen.

Como si fuera poco, el daño al medio ambiente alcanza niveles preocupantes, y es imperiosa la búsqueda de una solución para asegurar la sustentabilidad de las actividades agroindustriales. El país cría anualmente 1.200 millones de cerdos, 12.000 millones de pollos, mantiene un rodeo vacuno superior a 100 millones de cabezas; estas cifras dan cuenta del enorme desafío y presión que se ejerce sobre el medio ambiente. El desarrollo de la industria y la minería también han contribuido en el daño, contaminando una importante superficie del territorio chino.

Frente a estos desafíos, el Gobierno central promueve medidas para incrementar la producción, pero de manera sustentable y segura. Se incentiva la transferencia de tierra para posibilitar la creación de establecimientos agropecuarios de mayor escala. De acuerdo al dirigente chino, esto permite lograr niveles más altos de producción, facilitar la transferencia de tecnología, dirigir más eficazmente los subsidios y facilitar los controles de inocuidad.

Los transgénicos de desarrollo chino tendrán un rol clave para incrementar la producción. Esto también ayudará a incrementar los ingresos de los productores, al permitirles reducir la utilización de insumos. Frente al debate sobre si es seguro o no consumir transgénicos, el ministro aseguró que él mismo consume productos que se elaboran a partir de transgénicos, y detalló el riguroso control previo a cualquier autorización.

La producción limpia y el cuidado de los recursos naturales será una prioridad para el Gobierno. Se promueve la utilización eficiente del agua, agroquímicos y semillas, el tratamiento de efluentes y desperdicios.

¿Cuál es el rol que debe jugar la Argentina como potencia agroindustrial frente a los cambios que se generan en China? ¿Es posible utilizar el know how argentino en materia organizacional, tecnológica y regulatoria, para tener alguna participación en estos cambios? ¿Será posible que la Argentina aumente considerablemente su producción para hacer frente a la creciente demanda de alimentos? Y más importante aún, ¿Será posible generar vínculos de confianza que reduzcan la incertidumbre de abastecerse en el mercado internacional?

Estas son algunas de las preguntas que deberíamos responder, trabajando conjuntamente los estamentos público, privado y académico, para aprovechar cabalmente la oportunidad histórica que se presenta frente a nosotros.

[Publicado en diario La Nación, Suplemento Campo, 22-03-2014]